Sobre Christian Zacharias y Yellow Jackets

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El pasado 17 de noviembre tuve la fortuna de poder hacer un paseo musical  a través del teclado desde el siglo XVIII hasta el XXI, entre dos conciertos acaecidos en el Auditorio Nacional de Música y la sala Clamores, de suerte que desde las 19:30 hasta las 24:00 estuve disfrutando de Scarlatti, Ravel y Soler en manos del pianista Zacharias, y de un genio del jazz que irrumpió con fuerza en los ochenta, Russell Ferrante, teclista de la formación californiana Yellow Jackets.

La cita con Christian Zacharias dentro del ciclo organizado por la Fundación Scherzo bien parecía el encuentro de la feligresía habitual con el maestro de ceremonias. No en vano, Zacharias siempre acude a sus conciertos ataviado de forma sobria, al estilo de un ministro protestante, y  el público que congrega sí podemos decir que respeta religiosamente el silencio que se le debe. Asistía Zacharias con un programa que arrancaba con el virtuosismo de Scarlatti y el español Antonio Soler, que desarrollaron un lenguaje, característico del barroco, sostenido en la forma de sonata y que se significa por un desarrollo del fraseo muy profuso, veloz y vertiginoso, alcanzando cotas excelsas en las páginas del piano. Después de cada sonata, ejecutadas con pulcritud y precisión suiza, Zacharias se levantaba resuelto del banco para saludar y, sobre todo, estirar sus nudillos. Entremedias de Scarlatti y Soler, se escuchó el oasis que supone siempre una composición de Ravel, en este caso la Sonatina, compuesta en 1904 y que, basándose también en la forma de sonata clásica (como indica el título), es un tributo a las formas compositivas de Haydn.

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La segunda parte, dedicada íntegramente a Chopin, me la salté para salir escopetado en el descanso hacia la sala Clamores donde los Yellows Jackets tenían anunciado su concierto a las 21:00. Cuando llegué me encontré con bastante gente arremolinada en la entrada esperando a bajar a la sala y temía que podría encontrarse el aforo lleno y quedarme sin verlos. Pero, afortunadamente, quedaban bastantes localidades a disposición y me pertreché a babor del escenario, detrás del piano, desde donde podía apreciar con detalle el buen hacer a las teclas de Russel Ferrante. Después de un tercio de cerveza y unos quicos, el cuarteto se presentó pasada una hora, a las diez de la noche, con lo que podría haberme quedado a escuchar Chopin. Pero, bueno, renuncia aceptada con gusto. El cuarteto formado por Russel Ferrante, pianista, Bob Mintzer, saxo, William Kennedy, baterista (como integrantes principales y fundacionales de la banda) junto con el incorporado bajista Dane Alderson recrearon un conciertazo con éxitos como ‘Spirit of the West’ o la maravillosa y conmovedora ‘Geraldine’, tema que Ferrante dedicó a su mujer, pieza con un arranque melancólico en la menor en la que el saxo y el piano establecen un diálogo que modula entre varias tonalidades (el mi y el fa) para resolverse en la entrada del bajo y la batería y que llevan el tema hasta una expresividad creciente en tonalidad menor. Un concierto efusivo que emocionó al público y un diez para los nuevos gestores de la sala Clamores,  que han devuelto al local lo que siempre debió ser: un club de jazz con programación exclusivamente de jazz.

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